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‘Quo vadis’, Cataluña

09/12/2015
Estamos viviendo tiempos movidos en la política catalana. No podemos considerar novedosa esta situación pues trae causa desde el malogrado Estatut de 2006, cuya nefasta gestión por todas las partes implicadas generó el huevo de la serpiente de la situación actual. Pero, en los últimos tiempos, la situación –y lo que es aún más preocupante, la percepción de la misma– ha cambiado drásticamente y para peor. Durante años, el proceso catalán era seguido a nivel internacional... Estamos viviendo tiempos movidos en la política catalana. No podemos considerar novedosa esta situación pues trae causa desde el malogrado Estatut de 2006, cuya nefasta gestión por todas las partes implicadas generó el huevo de la serpiente de la situación actual. Pero, en los últimos tiempos, la situación –y lo que es aún más preocupante, la percepción de la misma– ha cambiado drásticamente y para peor. Durante años, el proceso catalán era seguido a nivel internacional con interés y comprensión. Además, hasta hace poco, cuando los inversores efectuaban el análisis de riesgo de una inversión, la situación de Cataluña no era distinta de la de otros lugares e, incluso al contrario, Barcelona era un destino atractivo para un inversor. Si finalmente decidía no materializar su inversión, lo hacía por motivos fundamentalmente fiscales y se iba a otras jurisdicciones con una fiscalidad ventajosa como Luxemburgo o Irlanda. Lamentablemente, después del error estratégico de la votación de desconexión del pasado 9 de noviembre, la situación ya no es la misma y somos vistos como un lugar donde las inversiones tienen riesgo. Como botón de muestra, hace unas semanas el organizador de un importante evento deportivo nos solicitó una opinión legal acerca de las consecuencias que podría tener una secesión unilateral en los compromisos asumidos por organismos nacionales, autonómicos y locales para que el evento se celebrase en Cataluña. En la situación actual, es más que probable que acabe decantándose por otra localización a europea. Por tanto, el error de los políticos está comprometiendo muy seriamente la buena imagen internacional de Cataluña. Como sabemos todos, el capital necesita seguridad jurídica. Es posible para un inversor convivir con políticos ineficaces e inoperantes, e incluso corruptos. Italia ha dado durante años buena muestra de ello, pero lo ocurrido en Cataluña, con la precipitada declaración unilateral de independencia ha cambiado totalmente la perspectiva de los inversores acerca del riesgo país. Cuestan entender que CDC, o lo que queda de ella, haya decidido dar la espalda tan alegremente a una parte significativa de su electorado para dar satisfacción a un ente al que es difícil llamar partido, de corte antisistema y anticapitalista y de carácter asambleario, provocando, de paso, el estupor en todo el mundo desarrollado. Así, ha creado un entorno en el que difícilmente se puede sentir seguro un potencial inversor. Será interesante ver el resultado final de este proceso pero todo apunta a que el caso de CDC terminará siendo similar al del suicidio de UCD. Es en momentos como éste cuando los liderazgos son importantes. Lamentablemente en el caso de Artur Mas, cuando más necesario era que demostrase su madera de líder parece haber decidido convertirse en nuestro Moisés particular para sacarnos de Egipto y atravesar las aguas del Mar Rojo, a pesar de que no sabemos cuál es el camino para llegar a la tierra prometida. Estas actuaciones han provocado temor e incertidumbre, como bien avisaba el Círculo de Economía. Precisamente, se acaba de publicar un dato significativo. Por primera vez en mucho tiempo, Catalunya, en lugar de liderar la creación de empleo, está en el furgón de cola. Sé que es prematuro y precipitado buscar vínculos entre las inseguridades jurídicas creadas y la baja creación de empleo pero creo que es algo que debería hacer reflexionar a nuestros políticos. Indudablemente, la toma de decisiones no debe ser fácil para Junts pel Sí, organización que, sin tener procesos asamblearios para tomar decisiones, por lo variopinto de sus componentes, no deja de ser lo más parecido al ejército de Pancho Villa, donde es difícil tener una posición clara y unánime, con división entre los que quieren que el proceso continúe a toda costa y los partidarios de no traspasar determinados límites. Es en momentos como éstos en los que los líderes han de saber tomar las decisiones necesarias, aún a costa del impacto mediático que puedan tener. Ahora toca mandar un mensaje de rigor a la comunidad económica haciéndole ver que no estamos para determinados juegos populistas y anticapitalistas y, para ello, la mejor solución son unas elecciones anticipadas donde cada cual vote en conciencia después de analizar la situación actual.

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